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Martes, 26 Abril 2016 16:57

Cada mes se suman 500 cadáveres a las fosas comunes

 

Al menos quinientos cuerpos son enviados cada mes a fosas comunes del país, conforme a las últimas cifras disponibles en la PGR. No se tiene una estadística puntual, acepta Sara Mónica Medina, Coordinadora de Servicios Periciales de la Institución y quien, en los últimos años, ha intentado articular al sector forense nacional. Es allí donde están las carencias que hoy son origen de incontables historias de zozobra…

 

Mientras miles de cadáveres son inhumados sin nombre y sin luto, el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas –basado en denuncias ante ministerios públicos y averiguaciones previas en los ámbitos federal y común– reporta 28 mil desaparecidos de 2007 a febrero de este año. Se trata del recuento oficial, aunque para muchos conservador e irreal…

 

“Es de escalofrío que por un lado haya tantas familias y organizaciones buscando a sus desaparecidos y por otro miles de cuerpos que no están siendo entregados a sus seres queridos y terminan en la fosa común. ¿Qué se está haciendo mal?”, pregunta Felipe Takajashi, director del Instituto de Ciencias Forenses capitalino (Incifo).

 

Detrás de la paradoja entre los envíos masivos a la fosa común y el desbordante registro de desaparecidos convergen diversos factores: falta de bases de datos sobre cadáveres ingresados a los servicios forenses como desconocidos y sobre perfiles genéticos; ausencia de diagnósticos y protocolos homogéneos de identificación; nula investigación en ministerios públicos; descontrol en la operación de fosas comunes e indiferencia de organismos (en teoría defensores de derechos humanos)… Como la CNDH, instancia donde ni siquiera se tiene claro cuál es la visitaduría encargada de estos asuntos y los funcionarios desconocen el tema.

 

Al caos, también abonan las penurias en una gran mayoría de servicios periciales y forenses del país; escasa inversión desde los ámbitos federal y estatal, y falta de credibilidad en peritos mexicanos.

 

Sin Lápida. Si en servicios forenses como el de la Ciudad de México, dotados de tecnología y procedimientos bien establecidos, la incidencia de muertos anónimos es alta, ¿qué ocurrirá en otros estados con mayores rezagos, en regiones abandonadas?

 

De 2007 a 2015 se reportó el ingreso al Incifo capitalino de 8 mil 660 cadáveres en calidad de desconocidos y casi 4 mil terminaron en la fosa común, más del 45 por ciento: mil 530 fueron enviados ahí de manera directa, y otros 2 mil 390 fueron donados a universidades para la enseñanza antes de culminar en la tumba sin lápida. Una media de 37 cuerpos al mes, sin contar el envío de otros 448 miembros desperdigados –entre cabezas, extremidades, torsos y dedos– y unos 280 fetos.

 

La entrega a las escuelas de medicina depende de factores como edad –los niños no son útiles– y el nivel de lesiones. Estarán ahí uno, dos, seis, doce meses… Un año es el límite para darles destino final: la fosa común, y en estos casos las instancias educativas son las obligadas a cumplir los trámites ante el Registro Civil y la Secretaría de Salud para consumar el entierro.

 

En promedio, los cuerpos se mantienen en el forense capitalino cuatro semanas, a la espera de un indicio. La práctica indica que el 96 por ciento de quienes no son identificados en este periodo jamás serán reclamados. En otros rincones desdeñados, la permanencia es apenas de unas horas…

 

“Aquí los cuerpos sólo se pueden quedar 24 o 48 horas; si están muy frescos por mucho 72, debido a las carencias: no se cuenta con mortuorio y la sala de autopsias no está en condiciones para mantenerlos más días. Si no son reclamados, el municipio se encarga de mandarlos a la fosa, además de que la sala se ubica en un panteón invadido por mancha urbana y los vecinos se quejan del olor”, describe el médico César Madrigal, comisionado a la vicefiscalía regional forense de la Mixteca, en Oaxaca, quien al mes se encarga de intervenir 30 o 40 cuerpos.

 

Además de la necropsia, realiza la media filiación y anota características especiales como tatuajes, lunares, cicatrices, verrugas, fracturas y alteraciones dentales. No hay un equipo interdisciplinario, y la reciente contratación de un criminalista y un odontólogo ha sido por la urgencia de encajar en el nuevo sistema de justicia penal, cuyo plazo se agota el 18 de junio.

 

 Y detrás también están las historias…

 

Desaparecidas Bianca, Evelin, Abril, Elizabeth, Georgina, Diana, Eva… La Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, encabezada en México por Teresa Ulloa, ha documentado y dado seguimiento en los últimos tres años a por lo menos 20 casos de jóvenes cuyos cuerpos han sido enviados a la fosa común en condiciones similares.

 

“¿Cuántas mujeres que estamos buscando están muertas, cuántas ya están en fosas comunes?”, pregunta Ulloa.

 

Hoy la PGR admite que no tiene control ni una estadística confiable en torno al número de cadáveres enviados a la fosa común. El promedio de 500 al mes fue revelado por la anterior administración a finales de 2012, cuando en el marco de una reunión de la Conferencia Nacional de Procuradores se ventiló que en 58 meses habían sido enterrados así un mínimo de 25 mil cuerpos.

 

Hoy, nada…

 

BORRADOS. En algunos estados están enterrando a los no identificados como animales -se le refiere a Martha Valdez, directora del laboratorio de genética de la PGR.

 

–Se puede decir que es inhumano, pero los Semefos podrían estar copados, llenos de cadáveres. Lo que debe hacerse es enviarlos a la fosa común, pero ya con todo el análisis pericial para identificarlos después si es necesario. Pero hay tanto trabajo que se dice: uno más. Muchos saben que es fulano, pero ¿qué pasa? Échalo a la fosa común, puede estar pasando eso también…

 

 

 

“Encontramos a su hija; está en la fosa...”

 

Desde hace más de seis meses doña Esther espera los restos de Angélica, su hija.

 

A finales de septiembre de 2015, después de casi un año de angustia, la identificó al fin en una carpeta de la Procuraduría de Justicia del Estado de México. Mientras la familia buscaba, ella había sido enviada a una fosa común.

 

Hablar de los detalles de la desaparición es para la mamá como un taladro que la perfora. Entre sollozos, se limita a contar que Angy fue raptada a finales de 2014. Hubo algunas llamadas para el pago de rescate, pero luego se perdió el contacto. La rastrearon en todas las entidades de la República: hospitales, giros negros, procuradurías, servicios forenses… Hasta aquel día sombrío, cuando reconocieron parte de la ropa, zapatos, señas particulares:

 

–Es ella–, alcanzó a decir entre llanto –¿Dónde está mi hija?

 

–En una fosa común–, fue la respuesta fría… 

 

La chica había sido encontrada en un paraje tétrico del Estado de México dos meses después de su desaparición, pero fue etiquetada como desconocida. Las deficiencias ministeriales se combinaron las forenses para anular una pronta identificación.

 

Ha venido después el tormento de recuperar el cuerpo: papeleos, diligencias por cumplir, apatía institucional…

 

Medio año y la familia sigue en duelo. Todos en casa saben que Angélica está muerta, pero ya quisieran llorarle cerca, un momento íntimo, una oración, un lugar donde llevar flores.

 

 

 

 

 

Desaparecidos

Total del año 2007 a febrero de 2016: 27 mil 997.

914 relacionados con averiguaciones previas del fuero federal.

Guerrero (261), Veracruz (168) y Tamaulipas (131) representan el 62 por ciento de los casos.

 

27 mil 083 relacionados con averiguaciones previas del fuero común, contabilizando las desapariciones cuyo año no está especificado.

Tamaulipas (5 mil 622), Estado de México (2 mil 925), Nuevo León (2 mil 252), Sinaloa (mil 857) y Chihuahua (mil 847) representan el 62 por ciento de los casos, con 16 mil 734.

 

Cuerpos

De 2007 a 2015 ingresaron 41 mil 285 cadáveres:

8,660 desconocidos; 1,530, enviados a la fosa común.

2,386 fueron donados para la enseñanza y después llevados a la fosa común

3,916 cuerpos terminaron en total en la fosa común

 

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